top of page
Buscar

Mi hijo no me hace caso: qué hacer cuando parece que no escucha (y qué está pasando realmente)

“Le digo las cosas mil veces y nada.”“Parece que no me oye.”“Hasta que no grito, no reacciona.”


Esta es, probablemente, una de las frases más repetidas por madres y padres en consulta. Y no suele venir sola. Suele venir acompañada de frustración, de cansancio y, muchas veces, de una duda incómoda:“¿Lo estoy haciendo mal?”


Hace poco, una madre me lo decía así:“Siento que tengo que repetir todo diez veces. Y al final acabo gritándole, que es justo lo que no quiero hacer.”

Y aquí hay algo importante que conviene aclarar desde el principio: en la mayoría de los casos, no es que el niño no quiera hacer caso. Es que algo en el proceso de atención, comprensión o regulación no está funcionando como esperamos.


Cuando “no hace caso” no significa lo que parece


Una de las primeras cosas que trabajamos en consulta es desmontar la idea de que el niño “no hace caso” como si fuera una decisión consciente de desobedecer.


A veces ocurre, sí. Pero muchas otras, lo que hay detrás es diferente.


Puede que el niño no esté atendiendo en ese momento, que esté centrado en otra actividad y no procese lo que le decimos. Puede que entienda la instrucción, pero no tenga la capacidad de inhibir lo que está haciendo. O puede que necesite más tiempo para cambiar de una actividad a otra.


Desde fuera se percibe como desobediencia.Desde dentro, muchas veces es dificultad de regulación.


El papel de la atención y las funciones ejecutivas


Para hacer caso no basta con escuchar. Hace falta atender, comprender, recordar la instrucción y ponerla en marcha.


Todo esto depende de lo que llamamos funciones ejecutivas. Y en muchos niños —especialmente en perfiles más movidos, más impulsivos o con posibles rasgos de TDAH— este sistema todavía está en desarrollo o funciona de forma menos eficiente.


Por eso ocurre algo muy típico:les dices algo, parecen haber escuchado… pero no actúan.

No es que no lo hayan oído.Es que no lo han integrado del todo o no consiguen activar la conducta.


Por qué repetir muchas veces suele empeorar la situación


Cuando un niño no responde, lo habitual es repetir. Y repetir. Y repetir otra vez.

El problema es que, con el tiempo, el cerebro del niño se acostumbra a que la primera indicación no es “la definitiva”. Aprende que puede esperar.


Y sin querer, entramos en un bucle bastante frecuente:el adulto repite → el niño no responde → el adulto eleva el tono → el niño reacciona.


Y así, poco a poco, el grito se convierte en el único estímulo eficaz.


El error más común: pensar que necesita más intensidad


Cuando esto ocurre, muchos padres sienten que tienen que ser más firmes, más duros o más insistentes.


Pero en muchos casos, no es un problema de intensidad. Es un problema de cómo se da la indicación.


No se trata de decirlo más fuerte.Se trata de decirlo de forma que el niño pueda procesarlo y ejecutarlo.


Qué ayuda a que un niño haga más caso (sin gritar)


Cuando cambiamos la forma de intervenir, el comportamiento empieza a cambiar. No de un día para otro, pero sí de forma progresiva.


Por ejemplo, algo tan sencillo como asegurarse de que el niño está atendiendo antes de hablar marca una gran diferencia. Muchas veces damos instrucciones desde lejos, mientras el niño está en otra actividad, y esperamos que las procese igual.


Acercarse, ponerse a su altura y asegurarse de que hay contacto visual facilita muchísimo la recepción del mensaje.


También es importante dar instrucciones concretas y claras. Cuanto más abstracto es lo que pedimos, más difícil es para el niño ejecutarlo. “Pórtate bien” no significa nada concreto.

“Recoge los juguetes y ven a cenar” sí.


Otro punto clave es dar tiempo de respuesta. A veces esperamos una reacción inmediata, pero algunos niños necesitan unos segundos para procesar y cambiar de actividad.


Y algo muy importante: reducir el número de repeticiones. Si repetimos muchas veces sin consecuencia, la instrucción pierde valor. Es más eficaz dar una indicación clara, esperar y, si no se cumple, actuar de forma coherente.


Cuando hay más dificultad de lo habitual

En algunos casos, esta dificultad para hacer caso no es puntual, sino constante. El niño parece distraído, le cuesta seguir instrucciones, cambia de una actividad a otra o necesita supervisión continua.


En estos casos, puede ser útil valorar si hay dificultades atencionales o un perfil compatible con TDAH infantil, trastornos de conducta o alguna dificultad de aprendizaje.


Esto no significa etiquetar rápidamente, sino entender mejor qué está pasando para intervenir de forma más ajustada.


Cuándo puede venir bien consultar


Si sientes que tienes que repetir constantemente, que tu hijo no responde a las normas o que la dinámica se está volviendo cada vez más tensa, puede ser útil abordarlo con ayuda profesional.


En el Centro de Psicología Lema, en Chamartín (Madrid), trabajamos con familias que viven exactamente esta situación, ayudando a entender qué hay detrás del comportamiento y a construir estrategias eficaces y sostenibles en el día a día.


Atendemos en zonas como El Viso, Prosperidad y alrededores, acompañando tanto a niños como a padres en este proceso.



Tu hijo no te hace caso…pero eso no significa que no quiera hacerlo.

Muchas veces significa que todavía no sabe cómo.

Y cuando ajustas la forma de acompañarle,no solo cambia su conducta,

también cambia la relación.


 
 
 

Comentarios


bottom of page