top of page
Buscar

Por qué no sé quién soy fuera de lo que consigo

Imagina esto: llega agosto. Por fin. Semanas sin reuniones, sin entregas, sin la sensación de tener que demostrar nada. El primer día es maravilloso. El segundo también. Pero al tercero aparece algo raro. Una especie de inquietud que no sabes muy bien de dónde viene. Abres el correo aunque habías prometido no hacerlo. Buscas algo que hacer, algo que resolver, algo que avance. No es que estés aburrido. Es que sin hacer nada, no sabes muy bien dónde estás.


O imagina otro escenario: acabas de conseguir algo que llevabas tiempo persiguiendo. Un ascenso, una meta, un proyecto que sale bien. Las felicitaciones llegan, y son sinceras. Y tú sonríes. Pero por dentro hay algo que no termina de encajar. Una pequeña decepción que da vergüenza nombrar. Como si hubieras esperado sentir algo más grande y lo que hay es... esto.


Ninguna de las dos situaciones es un problema de carácter. Las dos apuntan al mismo lugar.


Cuando lo que haces se convierte en lo que eres


Desde muy pronto, el mundo nos enseña a relacionarnos con nosotros mismos a través del rendimiento. El niño que saca buenas notas es 'el listo'. El que destaca en deporte es 'el deportista'. El que ayuda siempre a los demás es 'el bueno'. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, empezamos a construir la respuesta a la pregunta '¿quién soy?' sobre la base de lo que conseguimos, producimos o demostramos.


En psicología esto se conoce como identidad basada en el rendimiento. Walker y Caprar (2020) desarrollaron el concepto en la revista Human Relations para describir cómo, en culturas que colocan el logro en el centro de todo, muchas personas terminan por definirse casi exclusivamente a través de sus resultados. Lo que consiguen se convierte, sin que lo elijan conscientemente, en quiénes son.

Mientras hay logros que confirmar, el sistema funciona. El problema es cuando se para.


La inquietud del vacío sin tarea


Esa sensación que aparece en vacaciones, en los descansos, en los domingos sin plan, no es aburrimiento ordinario. Es algo más específico: la ausencia del único espejo que se ha estado usando para reconocerse. Sin proyecto que avanzar, sin resultado que demostrar, sin nadie que evalúe, el yo no encuentra dónde apoyarse. Y lo que aparece —esa ligera incomodidad, ese impulso de hacer algo productivo aunque no haga falta— es la señal de un sistema que no sabe funcionar en reposo.


En consulta esto se describe de muchas formas. 'Me siento culpable cuando descanso.' 'No sé qué me gusta hacer si no tiene un propósito.' 'Cuando no tengo metas me siento perdido.' Frases distintas, misma estructura.


El problema no es la ambición. El problema es cuando el logro deja de ser algo que uno hace y se convierte en lo único que uno es.


Lo que ocurre cuando llega el fracaso


La otra cara del mismo patrón se ve con nitidez cuando algo sale mal. Una persona cuya identidad no depende demasiado del rendimiento puede encajar un fracaso como una experiencia dolorosa pero localizada: 'esto no ha salido bien'. Una persona cuyo yo está construido sobre el rendimiento vive el mismo fracaso en un registro completamente diferente: no es que algo haya fallado, es que ella ha fallado. La amenaza no es sobre el resultado. Es sobre quién es.

Desde la perspectiva cognitivo-conductual, esto corresponde a esquemas nucleares del tipo 'valgo lo que produzco' o 'si no consigo cosas importantes, no soy nadie'. Estos esquemas no suelen operar de forma consciente: se activan de manera automática ante cualquier situación de evaluación o fracaso, y generan respuestas emocionales que parecen desproporcionadas desde fuera pero tienen una lógica perfecta desde dentro.


Construir una identidad más amplia


El trabajo terapéutico en estos casos no consiste en renunciar a la ambición ni en dejar de querer hacer cosas bien. Consiste en ampliar el sentido del yo más allá del desempeño. En poder responder, aunque sea poco a poco, preguntas que tienen más que ver con los valores y con la forma de estar en el mundo que con los resultados: ¿qué me importa cuando nadie me evalúa? ¿Qué clase de persona quiero ser, independientemente de lo que consiga? ¿Qué disfruto sin que tenga que servir para algo?


Esas preguntas no tienen respuesta inmediata. Pero hacérselas ya es una forma de empezar a construir algo más sólido que los logros siguientes.

— — —

Referencias y fundamento científico

Walker, B. W., & Caprar, D. V. (2020). When performance gets personal: Towards a theory of performance-based identity. Human Relations, 73(8), 1138–1163.

Erikson, E. H. (1968). Identity: Youth and crisis. W. W. Norton & Company.

Deci, E. L., & Ryan, R. M. (2000). The 'what' and 'why' of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227–268.

Beck, A. T. (1979). Cognitive therapy of depression. Guilford Press.

 
 
 

Comentarios


bottom of page