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Por qué saboteo las relaciones cuando van bien

¿Alguna vez has estado en una relación que funcionaba y, sin saber muy bien por qué, has empezado a buscarle defectos? ¿Has sentido ganas de alejarte justo cuando la otra persona se acercaba? No es incoherencia. Es un patrón bien documentado.


Todo va bien. Demasiado bien, quizás. La otra persona es atenta, disponible, consistente. Te dice lo que siente sin que tengas que sacárselo. Y entonces, sin previo aviso, aparece algo raro. Una incomodidad difusa. Empiezas a fijarte en detalles que antes no te importaban. A pensar que quizás no es tan compatible contigo. A necesitar espacio con una urgencia que no sabes de dónde viene.


Y una parte de ti sabe perfectamente lo que está pasando. Pero no puede pararlo.


El autosabotaje relacional no es autodestrucción: es protección


Peel, Caltabiano y sus colaboradores (2019) desarrollaron una de las primeras conceptualizaciones sistemáticas del autosabotaje en relaciones íntimas, definiéndolo como el conjunto de patrones —conscientes o no— que dificultan el éxito de una relación o que se utilizan para retirarse de ella. Su investigación identificó como motivos principales precisamente estos: el miedo al dolor, el sentimiento de inadecuación y la falta de habilidades relacionales.


El punto clave es este: el autosabotaje no busca destruir la relación. Busca proteger a la persona de algo que teme más que a la pérdida de la relación —que suele ser el dolor de que la relación se pierda cuando ya se ha invertido todo en ella. Es una retirada preventiva. Si me voy yo primero, no me pueden dejar.


El papel del apego evitativo


Este patrón se asocia con especial frecuencia al apego evitativo, que según los datos disponibles afecta a alrededor de un 20-25% de la población adulta. El apego evitativo se desarrolla en contextos donde la expresión de necesidades emocionales no obtuvo respuesta —o incluso fue castigada. El niño aprende que depender de otros no funciona, que es más seguro autorregularse solo, que las necesidades emocionales son un riesgo.

Mikulincer y Shaver describen este patrón como desactivación del sistema de apego: en lugar de hiperactivarse ante la amenaza al vínculo, el sistema hace lo contrario. Se apaga. La persona no siente el impulso de acercarse: siente el impulso de alejarse, de minimizar la importancia del vínculo, de recuperar autonomía.


Lo interesante es que la investigación fisiológica muestra que las personas con apego evitativo sí experimentan activación fisiológica ante situaciones de amenaza relacional —se les acelera el corazón, se activa la respuesta de estrés— aunque reporten subjetivamente sentir poco. La emoción está. Lo que falla es el acceso consciente a ella.


El sabotaje no aparece cuando la relación va mal. Aparece cuando va bien. Porque es entonces cuando hay algo real que perder.


Por qué la intimidad activa la alarma


Hay un momento concreto en el que el patrón suele dispararse: cuando la relación pasa de ser una posibilidad a ser un compromiso. Cuando el otro deja de ser alguien que podría irse y se convierte en alguien que se está quedando. Ese es el momento en que la vulnerabilidad se vuelve real. Y para un sistema que aprendió que la vulnerabilidad tiene coste, ese es el momento de máxima alerta.


Desde la terapia focalizada en las emociones (EFT) de Sue Johnson, se entiende que muchas de las conductas de distanciamiento en pareja son en realidad respuestas de protección ante una vulnerabilidad percibida como insoportable. La persona no huye del amor. Huye de la exposición que el amor implica.


Las formas que adopta el sabotaje


El autosabotaje no siempre es dramático. Muchas veces es sutil y difícil de identificar en el momento. Puede tomar la forma de la crítica desproporcionada, donde defectos menores empiezan a ocupar un espacio enorme. De la comparación con relaciones idealizadas del pasado. De la búsqueda de señales de que algo no va bien, que siempre acaba encontrando algo. De la retirada emocional gradual sin explicación. O del test inconsciente: provocar situaciones para comprobar si el otro se queda, hasta que el otro efectivamente se cansa y se va, confirmando así la predicción original.


Este último mecanismo tiene nombre en psicología social: la profecía autocumplida. La expectativa negativa genera comportamientos que producen precisamente el resultado que se temía. Y el resultado se interpreta entonces como confirmación de que la expectativa era correcta, cerrando el círculo.


Cómo se trabaja esto


El primer paso, casi siempre, es poder ver el patrón mientras ocurre y no solo después. Reconocer la señal: esa incomodidad específica que aparece cuando las cosas van bien, ese impulso de retirada que no responde a nada concreto. Poner nombre a lo que está pasando en el momento en que está pasando ya cambia algo importante, porque introduce una pausa entre el impulso y la conducta.


Después viene el trabajo más profundo: entender qué está protegiendo el sabotaje, qué experiencia previa lo enseñó, y empezar a construir la capacidad de tolerar la vulnerabilidad sin necesidad de huir de ella. Ese es un proceso que requiere tiempo, y que en muchos casos requiere también una relación —terapéutica o personal— lo suficientemente segura como para poder practicarlo.

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Referencias y fundamento científico

Peel, R., Caltabiano, N., Buckby, B., & McBain, K. (2019). Defining romantic self-sabotage: A thematic analysis of interviews with practising psychologists. Journal of Relationships Research, 10, e16.

Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2016). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change (2nd ed.). Guilford Press.

Johnson, S. M. (2004). The practice of emotionally focused couple therapy (2nd ed.). Brunner-Routledge.

Merton, R. K. (1948). The self-fulfilling prophecy. The Antioch Review, 8(2), 193–210.

Fraley, R. C., & Shaver, P. R. (1997). Adult attachment and the suppression of unwanted thoughts. Journal of Personality and Social Psychology, 73(5), 1080–1091.


 

 
 
 

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