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Vivir para la aprobación ajena: cómo salir de ahí

Acabas de mandar un mensaje y no te contestan de inmediato. En los siguientes minutos, sin que lo hayas decidido conscientemente, empiezas a repasar la conversación. ¿Dije algo mal? ¿Habrá sonado raro? ¿Estarán molestos conmigo?


O: dices algo en una reunión y luego, ya de vuelta en casa, sigues rumiando si ha sonado bien, si la gente lo ha recibido como querías, si alguien habrá pensado algo de ti que no querías que pensara.


O la versión más silenciosa: llevas años eligiendo determinadas cosas —una forma de vestir, una opinión que moderás antes de expresarla, un trabajo que no te entusiasma del todo— porque en algún nivel no acabas de decidir por ti mismo. Hay una audiencia imaginaria que siempre está ahí, evaluando.


Ese agotamiento que se acumula sin que haya ningún motivo concreto a veces viene de aquí.


La autoestima que vive fuera de ti


La psicóloga Jennifer Crocker, de la Universidad de Ohio, lleva décadas investigando lo que llama contingencias de la autoestima: los dominios o condiciones de los que depende el sentido de valor propio de cada persona. Cuando esa autoestima está anclada principalmente en la aprobación externa —cuando uno se siente bien consigo mismo solo si los demás aprueban, solo si no hay conflicto, solo si recibe validación suficiente— la persona queda en una posición de vulnerabilidad psicológica constante.


Crocker y sus colaboradores demostraron que las personas cuya autoestima depende en mayor medida de la aprobación ajena experimentan descensos más pronunciados en su estado de ánimo cuando reciben feedback negativo, comparadas con quienes tienen bases más internas. La razón es estructural: cuando el valor propio vive en el juicio del otro, cualquier señal de desaprobación —una respuesta tardía, un gesto neutro, una crítica menor— se convierte en una amenaza al yo.


Cuando tu valor personal vive en la opinión de los demás, cualquier silencio se convierte en una pregunta. Y cualquier crítica, en una sentencia.


Cómo se construye este patrón


La búsqueda de aprobación externa no surge de la nada ni es una debilidad de carácter. En la mayoría de los casos tiene raíces en una historia donde el afecto fue inconsistente o condicional. Donde el amor de las figuras de referencia dependía de determinadas conductas, determinadas actuaciones, determinados resultados. El niño aprende que ser aprobado es la condición para sentirse seguro. Y ese aprendizaje opera décadas después en contextos donde ya no tiene ninguna función real.


Desde la teoría del apego, las personas que crecieron en entornos de apego inseguro ansioso desarrollan una hiperactivación del sistema de búsqueda de proximidad y validación. La alarma que se enciende cuando alguien parece desaprobatorio no es irracional: tiene una historia. Pero responder siempre a esa alarma consolida el patrón en lugar de cuestionarlo.


El coste visible y el coste invisible


El coste más visible es el agotamiento. Pasar el día pendiente de lo que los demás piensan, calibrando cada interacción, regulando cada expresión, es un esfuerzo enorme que la mayoría de las personas ni siquiera percibe como tal porque llevan tanto tiempo haciéndolo que ya no saben que hay otra forma de estar.


El coste invisible es más profundo. Con el tiempo, orientar las decisiones hacia la aprobación externa produce lo que desde la terapia de aceptación y compromiso (ACT) se describe como una desconexión del yo: la persona pierde contacto con lo que en realidad valora, desea o necesita, porque lleva demasiado tiempo mirando hacia afuera. La vida puede tener buen aspecto. La vida interior se siente hueca.


El camino de salida no es indiferencia


Salir del patrón de dependencia de la aprobación ajena no significa volverse insensible a los demás ni dejar de importarle lo que piensen. Significa construir un sentido de valor personal que tenga fundamentos más estables: los propios valores, el comportamiento coherente con ellos, la capacidad de habitar la propia vida con criterio propio.


En terapia, este proceso pasa por identificar las creencias que sostienen la necesidad de aprobación, exponerse gradualmente a situaciones de posible desaprobación sin consecuencias reales, y aprender a tolerar la incomodidad que produce no saber exactamente qué piensa el otro. Es un proceso lento. Y su resultado es una forma de estar en el mundo más libre y considerablemente menos agotadora.


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Referencias y fundamento científico

Crocker, J., & Wolfe, C. T. (2001). Contingencies of self-worth. Psychological Review, 108(3), 593–623.

Crocker, J., Luhtanen, R. K., Cooper, M. L., & Bouvrette, S. (2003). Contingencies of self-worth in college students. Journal of Personality and Social Psychology, 85(5), 894–908.

Park, L. E., & Crocker, J. (2008). Contingencies of self-worth and responses to negative interpersonal feedback. Self and Identity, 7(2), 184–203.

Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.

Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.


 

 
 
 

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